Mi primera vez en un coche

Puede no ser muy común hacerlo por primera vez en un coche. Seguramente hayas oído algún testimonio o te haya pasado también a ti. Cuando el momento se calienta y parece que todos los elementos se alinean para que ocurra por sorpresa, puede convertirse en una experiencia inolvidable, aunque no todos los casos son así.

Lo mejor de todo es que dan ganas de repetir. Sobre todo, es un logro conseguir posturas que parecían imposibles; la cosa es adaptarse al espacio y ser creativos. Después no queda más que dejar volar la imaginación, llevados por la pasión.

Cuando uno cree haber planeado el momento

Si eres de sangre caliente y te gusta experimentar cosas nuevas, ya sabrás que lo mejor es siempre estar acompañado. Así me sucedió una noche, después de un día estresante de trabajo.

Me monté en mi coche y decidí que si quería que me pasara algo excepcional, tenía que dejar de esperarlo y dar el primer paso. Fue cuando me dispuse a solicitar los servicios de una escort en Bilbao.

Uno, por mucho que planea, se encuentra siempre con las sorpresas del destino. Esa preciosa escort, sentada en el asiento de copiloto, a la que no podía dejar de mirar mientras me dirigía al hotel, me respondía con miradas que hacían volar mi imaginación.

Una caricia en mi pierna, respondiendo con otra caricia a la suya, subiendo la temperatura por momentos. De repente, paré el coche en un parque donde no pasaba nadie, con la suerte de que pude estacionar bajo una farola que no funcionaba.

La primera vez que lo hago en un coche

Las manos recorriendo nuestros cuerpos ansiosos, mientras sentía su grado de excitación me provocaba aún más calentura. De plano me olvidé del hotel y preferí dejarme llevar por el momento.

Quizás el coche te parezca un sitio incómodo y creas que son más difíciles las posturas. Lo mismo creía yo, hasta que esa preciosidad me hizo comprender que existen otros modos para el placer.

Lo hicimos varias veces. La primera vez hizo que me moviera hacia su asiento, para evitar el obstáculo del volante. Aunque pensé que podía ser algo aparatoso, ella me enseñó que podíamos usar la forma del asiento para comenzar. Me senté en su lugar y ella se me puso encima, de espaldas, semi desnuda.

Después de esa primera experiencia, no queriendo que se acabara, le pedí que nos fuéramos al asiento de atrás. Ella accedió, para mi sorpresa. Hizo me que tumbara boca arriba, y se puso de nuevo encima mía, de espaldas…

Cuando quise darme cuenta, había pasado hora y media desde que la conocí y la subí a mi coche. Me fijé en los cristales, estaban empañados, fruto del calor de tanta pasión. Fue una noche inolvidable con la mejor compañía.

Nunca pensé que mi primera vez en un coche pudiera ser tan espectacular, menos aún después de escuchar experiencias ajenas que no resultaron tan bien. Por suerte, tenía a la compañía perfecta. Desde entonces sé que lo planificado no es necesariamente lo mejor, por eso sigo buscando nuevas aventuras.

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